Blog

MI HIJO ADOLESCENTE Y SU MAR DE SUSPENSOS

¿Qué podemos hacer cuando nuestro hijo/a, un niño/a dócil, conformista y educado llega al instituto y nos trae varios suspensos? Es una cuestión cuanto menos bastante habitual en estas edades.
Algunos padres no entienden cómo un hijo/a que antes era de una forma tan agradable para ellos puede llegar a convertirse en menos de un año en una persona tan diferente. La cuestión debe comenzar por descubrir las causas que en la mayoría de las veces están muy lejos de querer amargarle la vida a los padres. La cuestión es que no es algo fácil ni de comprender ni de afrontar.
Algunas de las frases que nos brotan en esos momentos son del tipo: “eres un desastre, me estás amargando la vida, no sabes otra cosa que fastidiar, deberías tomar ejemplo de tu hermano, no aprendes nunca, te voy a llevar a un psicólogo…”. En realidad, estas frases forman parte de lo que los psicólogos conocemos como pedagogía del fracaso y es que aunque la desesperación llega en estos momentos, el fijarnos en los errores y sacar lo peor de nuestros hijos no hace más que desmotivarlos aún más y desvalorizarlos. Claro que ¿cómo le vamos a reforzar algo si entre otras cosas no encontramos el qué alabarle? Hace tanto tiempo que no se porta bien…
Analicemos nuestro interior y veamos hasta qué punto nuestro gran enfado es debido a que tenemos que ocultar a los abuelos esas malas notas, al miedo o vergüenza al qué dirán, al temor de que no cumplan nuestras expectativas. Ello no quiere decir que tengamos la culpa de las malas notas sino que podemos hacer mucho por mejorar esa situación y no enfrentados a nuestros hijos sino a su lado.
En esos momentos los adolescentes necesitan que se les pregunte, se esté pendiente de ellos y sobre todo que se les pongan unas normas. Ello les ayudará a comprender, a seguir unas pautas y a respetar. El fracaso escolar repentino es casi siempre el reflejo de problemas personales, emocionales, psicológicos, con amigos o familiares.
Cuando estas cuestiones nos desbordan lo mejor es afrontarlas en pareja ya que dos cabezas piensan más que una o bien pedir ayuda a un profesional que nos proporcione una guía como familia.

Deja un comentario